Camagüey regala un abrazo a todas las madres
Camagüey amaneció con los ojos aguados, pero no de lluvia. Es el rocío de la ternura que se filtraba por las rendijas de las casas, donde los niños, todavía en pijamas, ensayaban el abrazo perfecto.
Camagüey amaneció con los ojos aguados, pero no de lluvia. Es el rocío de la ternura que se filtraba por las rendijas de las casas, donde los niños, todavía en pijamas, ensayaban el abrazo perfecto.