Por Dayana Cardona Gónzalez/ Radio Cadena Agramonte.
El 7 de diciembre de 1896 es para los cubanos una fecha imborrable. Ese día, y después de burlar la muerte en incontables ocasiones, Antonio Maceo, quien se ganara el calificativo de Titán de Bronce, cayó en combate en el poblado de San Pedro.
Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, nació el 14 de junio de 1845 en Santiago de Cuba. Al ser testigo de la pobreza que inundaba a los campos, poblados y ciudades del oriente de la Isla, se incorporó a la guerra por la independencia de Cuba con tan solo con 23 años.
Su fortaleza de carácter, su voluntad política y su ética, lo convirtieron en uno de los jefes mambises más respetado y querido, y enemigo acérrimo para los españoles.
Muchas veces fue discriminado por el color de su piel, prejuicio que no le afectó en su convicción de libertador, sino que enraizaban aún más sus sentimientos independentistas.
Sus grandes hazañas militares lo llevaron a ser muy temido entre las tropas españolas; fueron muchos los combates que llevaron su ingenio y su fuerza, pero sin dudas, su rebeldía ante el Pacto del Zanjón ha pasado a la historia como su más vehemente acción política.
Su muerte fue un duro golpe para la causa independentista de Cuba, de quien fue su salvador al finalizar la Guerra de los Diez Años.
Los cubanos de hoy, a quienes Maceo se nos ha presentado como un digno ejemplo de consagración, desprendimiento y humanismo, atesoramos su figura como un patrimonio esencial de la nación.
Así, cada 7 de diciembre, refrendamos un homenaje a ese Titán de fuerza y pensamiento. (Foto: Archivo)
