¿En qué condiciones está el Sistema Eléctrico Nacional?

La Habana, 23 abr.- Al iniciar su intervención en la Mesa Redonda, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, explicó que, a finales de 2024, durante una reunión del Buró Político celebrada en noviembre, se evaluó con profundidad la compleja situación energética que atravesaba el país y las capacidades tecnológicas existentes.

A partir de ese análisis, se decidió incorporar al programa de gobierno una estrategia integral para la recuperación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), centrada esencialmente en soluciones propias y en el aprovechamiento máximo de los recursos disponibles en Cuba.

El ministro señaló que durante 2025 comenzó la ejecución de ese programa, luego de su discusión y aprobación en el Consejo de Ministros. Desde enero se pusieron en marcha varias líneas de trabajo dirigidas a incrementar la generación eléctrica, recuperar capacidades instaladas y avanzar hacia una matriz energética más sólida y diversificada.

Entre las prioridades definidas estuvo la incorporación de generación térmica mediante reparaciones capitales y mantenimientos en unidades termoeléctricas, así como el fortalecimiento de la generación distribuida. Sobre este último punto, recordó que, aunque depende del combustible importado, su papel es decisivo en la estabilidad del sistema y en la respuesta ante contingencias.

En ese momento, la generación distribuida apenas disponía de unos 350 megawatts, pese a contar el país con cerca de 3 000 megawatts instalados entre motores diésel y fuel oil. La principal causa de esa baja disponibilidad era la falta de piezas de repuesto y las limitaciones financieras para adquirirlas. Por ello, uno de los objetivos centrales del programa fue recuperar progresivamente esa capacidad hasta donde permitieran las posibilidades económicas del país.

Los resultados no tardaron en apreciarse. Según detalló el titular de Energía y Minas, al cierre de 2025 la generación distribuida superaba los 1 000 megawatts disponibles. Esa recuperación mostró toda su importancia durante el impacto del ciclón que afectó el oriente cubano a finales del año pasado.

En esa coyuntura, provincias como Granma, Guantánamo, Holguín y parte de Las Tunas permanecieron desconectadas del Sistema Electroenergético Nacional, pero pudieron sostener servicios vitales gracias al respaldo de la generación distribuida, a la cual se destinaron combustibles procedentes de otras regiones del país.

De la O Levy explicó además que también se avanzó en la recuperación de unidades térmicas estratégicas. Entre ellas mencionó la reincorporación de la unidad número 3 de la termoeléctrica Céspedes, así como la unidad número 5 de la central de Renté, en Santiago de Cuba.

Reconoció, no obstante, que la unidad número 4 de Céspedes sufrió atrasos debido a errores de planificación y deficiencias en la calidad de los mantenimientos, situación que fue informada oportunamente. Finalmente, precisó, esas capacidades ya se encuentran en línea.

Otro frente esencial del programa fue el incremento de la generación basada en gas nacional. El ministro informó que se perforaron nuevos pozos petroleros, lo que permitió elevar de manera considerable la producción de gas acompañante utilizado en la generación eléctrica. A su juicio, este fue uno de los saltos más significativos logrados durante 2025, por tratarse de una fuente estable y sustentada en combustible propio.

“Terminamos el año en mejores condiciones que como lo comenzamos”, afirmó. Subrayó que esa mejoría se sustentó en mayor disponibilidad de termoeléctricas que emplean crudo cubano, en el crecimiento del uso del gas nacional y en una generación distribuida más recuperada.

Igualmente destacó el avance alcanzado en las fuentes renovables de energía. Cuba inició 2025 con una participación cercana al 3% de estas fuentes dentro de la matriz eléctrica nacional y concluyó el año con alrededor del 10%. Ese incremento de siete puntos porcentuales en solo doce meses, dijo, representa un salto muy relevante para cualquier sistema electroenergético.

El ministro enfatizó que esos progresos permitieron llegar al cierre de 2025 en una situación distinta, con mejores perspectivas para enfrentar las tensiones acumuladas. Sin embargo, advirtió que la afectación energética también golpeó fuertemente a la economía nacional.

Explicó que las interrupciones impactaron fábricas, la agricultura y diversos rubros exportables, provocando pérdidas de ingresos y ralentización productiva. “Si no producimos más, no ingresamos también”, señaló, al tiempo que recordó que las dificultades del sistema eléctrico repercuten directamente en toda la economía y, a su vez, las limitaciones económicas condicionan la recuperación energética.

Durante su comparecencia en la Mesa Redonda, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, explicó que, junto a las acciones técnicas para recuperar capacidades de generación, el país tomó decisiones estratégicas para sostener la economía nacional en medio de un escenario extremadamente complejo.

Según detalló, tras un análisis riguroso se decidió priorizar sectores productivos directamente vinculados con la alimentación de la población, la generación de divisas y las exportaciones. Esa definición permitió concentrar la disponibilidad energética en actividades consideradas vitales para el funcionamiento del país.

Como parte de esa estrategia, entre finales de diciembre y durante enero fueron protegidos 631 circuitos eléctricos en todo el territorio nacional, que solo podían ser afectados en situaciones extremas. Esos circuitos demandaron más de 800 megawatts de potencia durante ese período.

El ministro reconoció que, de no haberse protegido esos circuitos, esa energía habría podido destinarse al consumo residencial. Sin embargo, explicó que se trató de un balance necesario para impedir una mayor paralización económica y preservar sectores clave en momentos de alta tensión del sistema.

Gracias a esa decisión, añadió, pudieron mantenerse actividades esenciales como el riego agrícola, la producción tabacalera y otros procesos intensivos en consumo eléctrico. Recordó que entre los mayores consumidores de electricidad en Cuba se encuentra el sistema de Recursos Hidráulicos, especialmente por el bombeo de agua, seguido muy de cerca por la agricultura.

Mencionó como ejemplos el riego del tabaco, del maíz y de la soya, indispensables para sostener producciones destinadas al consumo nacional y también a la exportación. Asimismo, señaló que se protegieron industrias y servicios generadores de ingresos para el país, muy afectados por la situación energética acumulada.

De la O Levy precisó que a inicios de año existían condiciones ligeramente mejores que las actuales. Cuba había cerrado 2025 e iniciado 2026 con una mayor penetración de energías renovables y con cerca de 900 megawatts de generación solar fotovoltaica incorporados al sistema.

A ello se sumaba una generación distribuida todavía operativa, aunque ya resentida por las dificultades con el combustible. Explicó que aún quedaban determinadas reservas, especialmente de fuel oil, lo cual permitía sostener generación en varios emplazamientos estratégicos.

Entre ellos mencionó instalaciones de generación distribuida, la planta del Mariel y la patana que permanece operando en La Habana. En conjunto, esos tres puntos aportaban alrededor de 350 megawatts al sistema eléctrico nacional.

Con ese respaldo, señaló, fue posible sostener durante un tiempo mayores niveles de actividad económica, con avances en la agricultura y en sectores exportadores, hasta que nuevas tensiones obligaron a reajustar nuevamente la operación del sistema.

El ministro recordó que incluso antes del 29 de enero ya se había iniciado una revisión integral del programa de gobierno para la recuperación energética. Esa evaluación fue presentada en la Asamblea Nacional, donde se expusieron en detalle los avances y desafíos pendientes.

Subrayó que dicho programa no se limita únicamente a la generación eléctrica. Incluye también la búsqueda y aseguramiento de combustibles, la sostenibilidad financiera, el incremento de ingresos, la atención a los recursos humanos del sector, así como la seguridad y protección de las instalaciones energéticas.

Tras la revisión realizada a finales de año, el programa fue perfeccionado y ampliado. Actualmente constituye el objetivo número nueve dentro del programa nacional de gobierno.

Para 2026, explicó, ese esfuerzo se traduce en 62 acciones concretas, cada una con cronogramas definidos mes a mes. Su cumplimiento es evaluado de manera sistemática al más alto nivel de dirección del país.

“Semanalmente la dirección del país lo revisa”, afirmó. Precisó que se rinde cuenta en el Buró Político y en el Secretariado del Comité Central, donde se analizan resultados, se corrigen desviaciones y se ajustan decisiones según la realidad operativa.

En cuanto a los resultados heredados de 2025, indicó que la recuperación de infraestructura energética permitió cerrar el año con más de 1 000 megawatts en paneles solares y cerca de 1 400 megawatts adicionales entre generación distribuida, motores recuperados y capacidades térmicas reincorporadas.

También destacó el comportamiento de la generación a partir del gas nacional. Informó que este segmento llegó a alcanzar 370 megawatts de una capacidad instalada de 380, y actualmente promedia entre 340 y 340 megawatts de forma estable.

A juicio del ministro, esa área está llamada a convertirse en uno de los pilares fundamentales de la generación eléctrica cubana por su estabilidad, eficiencia y por operar con combustible nacional.

Durante la Mesa Redonda, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, explicó que una de las prioridades inmediatas del programa de gobierno para 2026 es consolidar lo alcanzado en el sistema electroenergético nacional y sostener las capacidades recuperadas durante el año anterior.

Según precisó, la estrategia actual no se centra únicamente en crecer, sino en mantener operativas las capacidades incorporadas, garantizar el mantenimiento de las unidades generadoras y continuar fortaleciendo las principales fuentes de energía del país.

Entre los resultados recientes mencionó un ligero incremento de la generación distribuida, que suma hoy 1 114 megawatts disponibles. Ese crecimiento, señaló, fue posible gracias a la llegada de piezas, repuestos y componentes que permitieron reincorporar motores y capacidades que permanecían fuera de servicio.

El ministro indicó además que otra línea esencial del programa es continuar aumentando la producción nacional de gas, recurso clave para la generación eléctrica, así como seguir avanzando en el desarrollo de las energías renovables.

En ese ámbito destacó un punto estratégico para este año: la incorporación de sistemas de acumulación de energía. Explicó que los recursos necesarios ya se encuentran en Cuba, están en fase de instalación y forman parte de las acciones previstas dentro del programa gubernamental.

La acumulación energética permitirá aprovechar mejor la generación solar y disponer de respaldo en horarios nocturnos o de máxima demanda, una necesidad crítica para la estabilidad del sistema.

De la O Levy subrayó que el programa va mucho más allá de la electricidad. Incluye también el aumento de la producción petrolera, la atención a los trabajadores del sector, la seguridad de las instalaciones y pasos concretos vinculados con la transición energética nacional.

Uno de los apartados más relevantes de su intervención estuvo dedicado al papel de la Unión Cuba-Petróleo (Cupet). El ministro reconoció el enorme esfuerzo realizado por esa entidad para reducir la dependencia externa del país en materia energética.

Recordó que normalmente se asocia la dependencia de importaciones al diésel, la gasolina o el fuel oil, pero Cuba también dependía de la importación de crudo destinado a las termoeléctricas. A medida que se han recuperado unidades térmicas, esa necesidad de crudo se vuelve aún más sensible.

Ante ese escenario, explicó, Cupet impulsó nuevas perforaciones, alianzas y negocios encaminados a incrementar la producción nacional de petróleo, crudo y gas.

Uno de los logros más importantes fue detener la caída sostenida que arrastraba la producción petrolera cubana desde hacía años. El ministro recordó que el país llegó a producir alrededor de 4,2 millones de toneladas equivalentes de combustible y posteriormente descendió hasta cerca de 2,2 millones.

“Se detuvo el decrecimiento y ya podemos decir que estamos creciendo”, afirmó. Precisó que durante el año pasado ese freno fue decisivo, mientras que en el presente año ya se observa crecimiento tanto en petróleo como en gas.

Explicó que la caída productiva estuvo estrechamente vinculada a la falta de financiamiento. Producir petróleo requiere herramientas, equipamiento industrial, transporte, tuberías, válvulas, baterías, neumáticos y otros insumos que también sufrieron fuertes restricciones.

Puso como ejemplo que hubo pozos con potencial extractivo detenidos simplemente porque los tanques de almacenamiento se llenaban y no existían condiciones logísticas suficientes para evacuar el crudo por carretera. Sin transporte disponible, la extracción debía paralizarse.

También señaló que el incremento del gas nacional está generando beneficios adicionales. Parte del gas extraído ya no solo se utiliza para generación eléctrica, sino que comienza a destinarse nuevamente al suministro doméstico en La Habana.

Recordó que en años anteriores se había detenido el programa de expansión del gas manufacturado hacia nuevas viviendas debido a la falta de disponibilidad. Sin embargo, con el aumento actual de la producción, ese proceso se reanuda.

El plan prevé incorporar miles de nuevos clientes y, según explicó, los crecimientos más visibles llegarán en los próximos meses, una vez entren al país recursos importados ya contratados y financiados, entre ellos tuberías y materiales que permitirán abrir nuevos frentes constructivos.

El objetivo inmediato es sumar 25 000 nuevos clientes al servicio de gas. Esa expansión, añadió, también beneficia al sistema eléctrico nacional, pues reduce la demanda asociada a la cocción de alimentos, una carga que durante años recayó principalmente sobre la electricidad.

En otro momento de su intervención, el ministro vinculó directamente la producción nacional de crudo con la soberanía energética del país.

Recordó que durante febrero, marzo y principios de abril la generación diurna contó con el respaldo de los parques solares fotovoltaicos, pero durante la noche el sostén principal fue la generación térmica.

Advirtió que, de no existir el crudo cubano para alimentar las termoeléctricas y el gas nacional para complementar la generación, el país habría enfrentado apagones de una magnitud mucho mayor.

Finalmente, insistió en que las reparaciones en las plantas térmicas, la expansión del gas, el crecimiento petrolero y la energía renovable forman parte de una misma estrategia nacional para resistir las restricciones externas y recuperar gradualmente la estabilidad del sistema energético cubano.

Durante la Mesa Redonda, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, ofreció ejemplos concretos de cómo las sanciones y restricciones externas afectan diariamente la recuperación del sistema electroenergético nacional, al tiempo que resaltó la capacidad del país para buscar soluciones propias frente a cada obstáculo.

El titular señaló que una futura emisión del programa televisivo podría dedicarse exclusivamente a exponer casos cotidianos relacionados con el impacto del bloqueo en el sector energético. No obstante, adelantó dos ejemplos que calificó de altamente significativos.

Uno de ellos estuvo relacionado con la puesta en marcha de la unidad número 4 de la termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. Según explicó, Cuba no pudo acceder a una aplicación informática imprescindible para calibrar la unidad, ponerla a punto y ejecutar el arranque final del bloque generador.

Ante esa negativa, fue necesario desarrollar una alternativa nacional con la participación de la industria militar, el Ministerio de Industrias, especialistas del Grupo de la Electrónica, técnicos de la Unión Eléctrica y otros colectivos especializados.

El ministro reconoció que esa solución tomó tiempo, debido a la alta complejidad tecnológica del proceso. Añadió que ese tipo de programas informáticos no son herramientas genéricas, sino softwares diseñados específicamente para esas tecnologías y protegidos como propiedad de los fabricantes.

Otro caso mencionado fue el de la central termoeléctrica de Guiteras, una de las más importantes del país. Explicó que, tras la compra de empresas constructoras por compañías estadounidenses, Cuba ha debido sortear múltiples obstáculos para acceder a asistencia técnica y servicios especializados.

Relató incluso situaciones en las que especialistas extranjeros, ya presentes en Cuba para trabajar en unidades como Felton o en la propia Guiteras, recibieron órdenes de regresar de inmediato. En algunos casos, dijo, cerraron sus maletas de herramientas y abandonaron el país tras una llamada telefónica.

“Así hay cientos y cientos de ejemplos”, afirmó, al insistir en que la recuperación energética cubana se ha basado esencialmente en la soberanía tecnológica y en el talento nacional.

En ese sentido, aseguró que el plan de 2026 vuelve a apostar por la recuperación de capacidades generadoras con recursos propios. Muchas piezas y componentes utilizados, dijo, no son originales de fábrica, sino soluciones desarrolladas en Cuba mediante procesos de innovación, adaptación y sustitución tecnológica.

Puso como ejemplo nuevamente la termoeléctrica de Céspedes, cuya entrada al sistema y posteriores ajustes responden precisamente a ese proceso de asimilación técnica, corrección y perfeccionamiento. Actualmente, señaló, ambas unidades se encuentran operando.

El ministro destacó que varias de las termoeléctricas cubanas figuran entre las más eficientes del país y que su recuperación continúa siendo una prioridad estratégica.

Para este año, informó, el plan contempla recuperar 570 megawatts de generación termoeléctrica. Al cierre del primer trimestre, la meta parcial era incorporar 365 megawatts, pero finalmente se alcanzaron 370, lo que representa un sobrecumplimiento.

Entre los factores que influyeron en ese resultado mencionó la entrada de Santa Cruz del Norte número 2 tras concluir su mantenimiento, así como la incorporación de Céspedes, aunque esta última sufrió retrasos al detectarse una avería mayor en el momento de sincronizar la unidad.

Más adelante, el ministro calificó como “brutal” el impacto del llamado bloqueo energético sobre la vida nacional y el funcionamiento del sistema eléctrico.

Recordó que Cuba llegó a tener indisponibles más de 1 100 megawatts en generación distribuida, a lo que se sumaban unos 350 megawatts adicionales entre motores y patanas flotantes. En determinados momentos, las afectaciones alcanzaron cifras de entre 1 800 y 2 000 megawatts.

Explicó que si el país hubiese contado con combustible suficiente para movilizar alrededor de 1 400 megawatts de esas capacidades instaladas, la reducción de apagones habría sido extraordinaria, tanto en el horario pico como durante la madrugada.

No obstante, aclaró que cuando existen apagones prolongados, los valores reales de demanda se distorsionan, pues al restablecerse el servicio muchos consumos se conectan simultáneamente y elevan bruscamente la carga del sistema.

En otro momento de su intervención, detalló que las restricciones de combustible se agravaron a partir de diciembre, cuando fue incautado un primer barco con alrededor de un millón de barriles.

Añadió que el 8 de diciembre entró el último buque que logró arribar en esa etapa, con una carga parcial de fuel oil. Posteriormente, explicó, el país dejó prácticamente de recibir nuevos suministros hasta la llegada reciente del barco ruso.

Recordó además que desde el 29 de enero se cerraron aún más las posibilidades de adquisición, en un contexto marcado por sanciones a navieras, productores de petróleo y mayores presiones sobre terceros países con capacidad de suministrar combustible a Cuba.

El ministro insistió en que la nación mantiene el derecho soberano de comprar combustible a cualquier proveedor dispuesto a vender, consignar o establecer alianzas comerciales, pero reconoció que el escenario ha sido extremadamente difícil.

Como consecuencia directa de esa situación, varias fuentes de generación dependientes del combustible importado debieron detener operaciones totalmente. Entre ellas mencionó instalaciones en Mariel, Moa y la patana de La Habana.

“Nos quedamos con nuestras viejas tecnologías, con el gas nacional y con el sol por el día”, resumió, al describir la etapa más crítica reciente.

Pese a ello, elogió el esfuerzo de los trabajadores eléctricos y petroleros para sostener operando unidades envejecidas bajo un fuerte estrés técnico durante los últimos meses.

Finalmente, señaló que la llegada del barco ruso generó expectativas, alivio y también interrogantes entre la población, en medio de una coyuntura donde cada tonelada de combustible tiene un impacto directo en la estabilidad del sistema eléctrico nacional. (Texto y Foto: Cubadebate)

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