Camagüey, 7 ago.- Salvar vidas a diario es un desafío para la enfermera Iris Tejeda Álvarez, quien desde hace más de cuatro décadas asiste a pacientes infantiles en la terapia intensiva.
Reconoce en su actividad una necesidad vital para el soporte, tanto del paciente como de sus familiares en momentos complejos. Quizás es esa la principal razón para regresar al lugar que más que su trabajo es su vida, el sitio que ella junto a consagrados profesionales vio nacer.
Cada año dedicado al servicio representan un crecimiento profesional y muchos peldaños ganados como ser humano, ahí donde cada día se escriben proezas, uno se siente mejor persona día tras día, y más cuando se hace todo lo que están en sus manos sin descuidar ningún detalle.
Y sí, se salvan vidas contra todo pronóstico. Porque aquí el amor por los niños es más grande que cualquier obstáculo.
Recuerdo entonces las palabras de la madre de la pequeña de 10 años Lisaydy Saborit Haití, donde asegura que el equipo de salud es excepcional y mira especialmente a la doctora y a la enfermera Iris, nunca le faltó el acompañamiento, ni un medicamento, nunca se detuvo el servicio.
“Llegó muy malita y en menos de nada acabó en terapia intensiva; pero desde el día que llegó hasta hoy el cambio es tremendo. Agradecimiento es lo único que puedo dar, hace 10 días en que los médicos no se separan de ella. Todos son muy especiales”.
Han sido las gracias más sentidas que haya dado en su vida la de esta madre, que bien pueden ser la de muchas familias.
La mayor satisfacción de Iris es percibir ese agradecimiento, que su esfuerzo resulta beneficioso al niño y se cumple el objetivo de salvar la vida humana, pues considera que es una profesión abnegada que exige vocación, sensibilidad ante el sufrimiento, sentimientos solidarios y permanente superación.
Pero habla de un daño letal, muchas veces fuerte. A contracorriente luchan con las carencias de insumos y medicamentos ocasionados por el bloqueo. Pero ahí está ella junto a un equipo multidisciplinario que toma en serio cada segundo frente a un paciente, a veces necesitan equipos de otros centros asistenciales y su quehacer no se limita a la terapia intensiva.
Quizás por este hábito hoy niños como Lisaydy vuelven a los parques y lugares donde hay un renacer, con historias de empuje que trasciende horarios y adversidades.
Porque la terapia intensiva no es solo camas, respiradores y un sonido que representa la vida, es el latido de quienes la construyen a diario, un equipo de profesionales altamente consagrados, capacitados y entrenados como la enfermera Iris Tejeda Álvarez. (Texto y foto: Gladys Dailyn Morera Cordero/Radio Cadena Agramonte)
