Camagüey amanece con el eco de una juventud que contra viento y marea se empeña en ser noticia. No es fácil ser joven en estos tiempos, pero si algo distingue a los muchachos de esta tierra es esa mezcla de rebeldía creadora y obstinación que los hace parecer inmortales.
Los he visto en las aulas, con los cuadernos gastados y la inteligencia encendida, sorteando carencias con la creatividad que solo da la juventud. Son ellos los que llenan las universidades de preguntas incómodas y de sueños enormes, los que convierten cada obstáculo en un escalón para seguir creciendo.
Los he visto también en los talleres y en los pequeños emprendimientos que nacen como flores entre las piedras. Hay quien repara una bicicleta con la paciencia de un artesano, quien cultiva la tierra con la certeza de que el fruto llegará.
En los consultorios y en los espacios comunitarios, la juventud camagüeyana también brilla. Son ellos los que organizan cine-debates para hablar de salud mental sin miedo, los que llevan la palabra amiga al vecino que la necesita, los que convierten un parque en un escenario de cultura. El embarazo adolescente no los vence; lo enfrentan con información y con acompañamiento, porque saben que cuidar el cuerpo es también cuidar el alma.
Y qué decir de su participación social, esa chispa que enciende barrios enteros. La Red Juvenil Comunitaria es el latido de cientos de muchachos que se organizan en proyectos de defensa, producción, comunicación y solidaridad. Van casa por casa, sin más herramienta que la palabra y el ejemplo, abrazando a los que estaban solos y rescatando a los que se habían perdido en el desánimo.
La juventud no es perfección, es impulso. Una mezcla de osadía y ternura que los hace equivocarse y levantarse, caer y volver a empezar. Son la memoria viva de esta ciudad y su porvenir más cierto.
Jóvenes, no esperen que el mundo le regale nada, el futuro se construye con las manos, con el sudor y con la palabra. Y aunque los retos sean enormes, sigan ahí, firmes, como los tinajones que han visto pasar la historia sin doblegarse.
Mientras haya un muchacho dispuesto a estudiar, a trabajar, a cuidar y a participar, Camagüey seguirá siendo esa princesa de piedra que late con el corazón de sus hijos. (Martha Karla Gutierrez Pacios/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)
