
Montevideo, 15 feb.- Frente a una audiencia de más de 5 000 almas congregadas en el tablado “Teatro de verano”, principal escenario del convite carnavalesco, la reconocida y popular murga “Los Diablos Verdes” no solo desplegó su habitual derroche de humor, crítica y armonía vocal, sino que convirtió su actuación en un altavoz de la solidaridad con Cuba.
En un alto de su espectáculo, cuando el silencio reemplazó el retumbar de los bombos y el tintineo de los platillos, integrantes de la murga se dirigieron al público con la voz firme que caracteriza a quienes hacen del arte una trinchera:
“En nombre de la murga, queremos solidarizarnos con el pueblo cubano, ante la intensificación despiadada y aberrante del bloqueo por parte de la administración de Donald Trump. No permitir que ingresen medicamentos, insumos y alimentos es condenar a un pueblo. Decimos no al imperialismo”, sentenció, desatando una ovación que se mezcló con el fresco aire nocturno de la capital.
El mensaje, lejos de ser un hecho aislado, es la manifestación más visible de una corriente de apoyo que recorre las venas del carnaval uruguayo. En los tablados barriales, en las plazas de Montevideo y en cada rincón donde el concurso oficial tiene su eco, la solidaridad con nuestra islase ha vuelto un estandarte.
Más de diez agrupaciones de murgas, en distintas noches de este extenso carnaval que cada año se despliega desde enero hasta marzo, han expresado igual sentimiento, llevando a sus repertorios la defensa de la soberanía cubana.
No es casualidad.
La murga uruguaya, por su naturaleza barrial y su origen humilde, lleva en su ADN el compromiso social y político. Nacida en los conventillos y popularizada en las veredas, esta expresión artística siempre ha sido la voz de los sin voz, el espejo crítico de la realidad nacional y, también, la mano extendida hacia las causas justas del mundo.
La identificación con Cuba no es nueva; es un lazo histórico que hoy, ante el recrudecimiento del bloqueo, se renueva con la fuerza de quienes entienden que el arte no puede ser ajeno al dolor de los pueblos.
Mientras “Los Diablos Verdes” cerraban su actuación, el público, mezcla de vecinos, turistas y amantes del género, coreaba los estribillos con puños en alto. En cada barrio de Montevideo, el carnaval demuestra que su fiesta no es una evasión, sino una celebración de la resistencia.
Y anoche, en el tablado mayor, la murga confirmó que su canto sigue siendo, como siempre, un grito de libertad que cruza océanos para abrazar a Cuba. (Texto y Foto: Cubadebate)