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Escuelas de Superiores de Formación, Atletas de Alto Rendimiento, sociedad cubana, deportistas

La casa de la familia de los campeones


No son las Escuelas de Superiores de Formación de Atletas de Alto Rendimiento almacenes de músculos. En ellas, si bien se curte el talento ya probado, también se cultivan las cualidades que hacen que la sociedad cubana sienta orgullo por sus deportistas.

En estas instituciones, el ser humano es su razón de ser. Conducirlo por el escabroso y largo camino del campeón no solo pasa por repeticiones en un gimnasio, una pista de atletismo o un ring de boxeo, requiere de la formación integral de ese sujeto expuesto al juicio de todos.

Ampliar su universo cognitivo, dotarlo de valores éticos, así como del amor a su Patria, a la que representa, son herramientas que también forjan medallas.

Es por eso que en esas escuelas, junto al crecimiento en el deporte de alta competición, en paralelo se crece académicamente en los diferentes niveles de enseñanza. El principio de Fidel de buen deportista y buen estudiante ha marcado en estos centros el desarrollo del movimiento deportivo cubano.

Las Esfaar son las nuevas casas de jóvenes repletos de aspiraciones, quienes desde la educación física, el área especial de un municipio, las escuelas de iniciación deportiva escolar y de las de perfeccionamiento atlético, se han labrado un camino hasta ese punto más alto de la pirámide del desarrollo como deportista.

Pero llegar a ellas no es el fin, es un punto de partida. Por eso al muchacho o a la muchacha se les nutre de herramientas técnico-tácticas; pero también de su control psicológico, ese que le permitirá vencer obstáculos que solo estaban en sus sueños.

Se les cuida su salud con un equipo de alta profesionalidad médica; se les enseña los valores éticos y los del juego limpio, que hacen brotar los aplausos de su pueblo y de otros que allende los mares no dejan de ver la dignidad y la entereza de sus hazañas, sean o no ganadores.

Viven en las Esfaar en una nueva familia, que casi siempre se suma a la de su hogar, como premio al sacrificio.

Es ese atributo el que reina en estos centros, en los que se entrena sin pensar en mañana. Es el que el entrenador inculca, porque como decía el padre de las judocas, Ronaldo Veitía, aquí educamos para ganar. "Si no educas no vences", era su máxima.

En la fábrica más productiva del deporte cubano, la Escuela Nacional de Boxeo Olvein Quesada, escuchamos a Alcides Sagarra, quien convirtió al pugilismo en ciencia que "el deportista ha de saber qué representa, y esa es la razón por la cual incluimos en la preparación las ciencias humanísticas. Representar al movimiento deportivo cubano es pelear por tu bandera y, en el caso nuestro, además, por la Revolución, porque eso te hace invencible. Y la prueba está ahí, por eso nos llaman el buque insignia del deporte cubano".

Esas enseñanzas que salen de las Esfaar son las que se traducen en la frase, no manida sino atadas al corazón, de los campeones de la mayor de las Antillas, cuando dicen que ella o él, su entrenadora o entrenador, son como un padre o una madre.

Así bautizaron a Eugenio George sus morenas del Caribe; y también el invencible Mijain López con Pedro Val y Raúl Trujillo, quien en una frase empastó el sentimiento de ese binomio deportista-entrenador: "él me enseñó a ganar".

Compartir la mesa, los ratos de descanso, los gustos por la moda; las emociones de una victoria y la frustración por una derrota, o levantarse sobre ella para ser más fuerte encuentran sus entrañas en las Esfaar.

Por eso se parecen a Cuba, porque, además, allí se enseña a respetar al contrario, al público, y a no rendirse jamás.

Hoy, en el mes y en el año del aniversario 65, acoge las duras sesiones de preparación para un difícil compromiso, por demás histórico: los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que en su edición del próximo verano celebrará sus cien años. (Fuente: JIT)


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