
Sahara, 21 feb.- En una remota región del desierto del Sahara, donde solo se extienden dunas y un silencio abrasador, un equipo internacional de paleontólogos ha desenterrado los restos de una criatura que desafía la imaginación.
Se trata de una nueva especie de espinosaurio, bautizada como Spinosaurus mirabilis, cuyos fósiles fueron hallados en 2022 en la zona de Jenguebi, en Níger.
El nombre no podía ser más acertado: “mirabilis” significa “maravilloso” en latín, y el animal así llamado medía 13 metros de longitud y lucía una espectacular cresta ósea sobre su cráneo, una estructura que probablemente brillaba con colores vivos bajo la luz del Cretácico.
El descubrimiento, publicado recientemente en la revista Science, representa un hito en el estudio de estos enigmáticos depredadores.
Desde que en 1915 se describiera el primer ejemplar del grupo, Spinosaurus aegyptiacus, en Egipto, ninguna otra especie había sido formalmente identificada. Más de un siglo después, un consorcio de 29 científicos provenientes de cinco países firma este hallazgo que arroja nueva luz sobre la evolución y el comportamiento de estos gigantes.
Spinosaurus mirabilis habitó el norte de África hace aproximadamente 95 millones de años, durante una época conocida como Cenomaniense. Lejos del desierto actual, la región era entonces un mosaico de ríos caudalosos, llanuras húmedas y ecosistemas ribereños conectados con el antiguo mar de Tetis. Este carnívoro, cuyo peso se estima entre seis y siete toneladas, no solo impresiona por sus dimensiones, sino por una anatomía altamente especializada.
Su hocico era bajo y alargado, provisto de dientes que encajaban entre sí como los dedos de una mano, formando una trampa perfecta para atrapar peces resbaladizos.
Pero el rasgo más llamativo era, sin duda, la enorme cresta que coronaba su cráneo, una estructura en forma de cimitarra cuyo propósito, según los investigadores, era puramente visual. Lejos de tener una función práctica para la caza, este adorno óseo habría sido utilizado probablemente en rituales de cortejo o como señal de dominancia frente a otros individuos.
El lugar exacto donde aparecieron los restos ha permitido a los científicos resolver, al menos parcialmente, una de las grandes incógnitas que rodean a los espinosaurios: ¿eran animales acuáticos, semiacuáticos o estrictamente terrestres? Los fósiles fueron recuperados en sedimentos fluviales del interior continental, alejados de cualquier influencia marina, lo que indica que estos depredadores no habitaban exclusivamente las costas.
Para afinar la respuesta, el equipo comparó las proporciones corporales del nuevo espécimen con las de 43 depredadores actuales y extintos, desde aves zancudas como las garzas hasta buceadoras como los cormoranes, pasando por grandes dinosaurios terrestres.
El análisis de componentes principales arrojó una conclusión clara: los espinosaurios ocupaban una posición intermedia, adaptados para vadear en aguas poco profundas y capturar peces con rápidos movimientos laterales del hocico, pero sin las adaptaciones extremas de un buceador plenamente acuático.
El estudio también propone una hoja de ruta evolutiva para el grupo. Los primeros espinosáuridos surgieron en el Jurásico, desarrollando cráneos alargados especializados en la pesca.
Durante el Cretácico temprano, se diversificaron ampliamente en las regiones que rodeaban el mar de Tetis. Fue en el Cretácico superior, sin embargo, cuando alcanzaron su máximo esplendor y tamaño, aunque su distribución se redujo drásticamente, quedando confinados al norte de África y Sudamérica.
El final de su reinado llegó con una subida abrupta del nivel del mar al término del Cenomaniense, acompañada de cambios climáticos severos que alteraron los ecosistemas que habitaban. El silencio que hoy reina en el Sáhara es, en cierto modo, el eco de aquella extinción.
Gracias a este hallazgo, la ciencia recupera la imagen de un depredador que no encaja en los moldes clásicos. No era un monstruo marino, pero tampoco un simple cazador terrestre.
Spinosaurus mirabilis fue un señor de las aguas someras, un coloso de cresta luminosa cuya silueta, recortada contra los atardeceres del Cretácico, debió de ser tan sobrecogedora como ahora lo es su redescubrimiento en las arenas de Níger. (Texto y Foto Cubadebate)