Nuevitas, 14 abr.- La historia de la sangre es también la de incontables actos heroicos de la humanidad. Grandes pensadores se han referido a ella desde hace miles de años.
Hipócrates la incluyó entre los cuatro humores que definían la salud. Por su parte, los romanos la bebían constantemente en los circos para apropiarse de la fuerza de los gladiadores. Platón y Homero la elevaron con palabras hermosas como metáfora ideal de poder y sacrificio, porque para todos los pueblos del mundo siempre fue garantía de vida y esperanza.
Del mito a la filosofía antigua el río rojo de la vida pasó a ser protagonista en la ciencia moderna. En Cuba su recorrido comenzó en 1878 con la primera transfusión en el hospital San Juan de Dios. Décadas más tarde, en 1941, el Hotel Nacional albergó el primer banco de sangre, destinado a enviar plasma a los aliados que combatían el fascismo.
Pero entonces la sangre era una mercancía negada a quienes no podían darse el lujo de pagarla. La Revolución transformó esa terrible realidad con la creación de la Red de Bancos de Sangre y convirtió la donación en un acto solidario y gratuito, entonces la sangre dejó de ser negocio para convertirse en justicia social.
El envejecimiento de la población cubana reduce cada vez más el número de personas aptas para donar sangre, en tanto la demanda de transfusiones aumenta debido al incremento de enfermedades crónicas y procedimientos médicos asociados a la edad avanzada.
Esta situación se agrava porque ese líquido que corre por el cuerpo humano no puede fabricarse ni sustituirse y depende exclusivamente de la generosidad de quienes cumplen los requisitos básicos. Por lo que se precisan novedosas estrategias de comunicación en los centros de salud para fortalecer la cultura de la donación por compromiso ético con la vida.
Donar no es lujo, es voluntad de hacer el bien. Éste líquido vital debe compartirse con amor, porque cada gota de sangre es un puente invisible entre desconocidos que les brindan la oportunidad de sobrevivir; el mejor pacto altruista con la propia esencia humana y esto recuerda que la verdadera riqueza está en la solidaridad. (Radio Nuevitas)
