Santiago de Cuba, 5 jul.- José Maceo Grajales, es el tercer hijo de la unión de Marcos Maceo y Mariana Grajales Cuello, nació el 2 de febrero de 1849, en la finca «Las Delicias», término de Majaguabo, jurisdicción de Maroto, hoy municipio de San Luis.
Desde muy niño demostró las cualidades que tendría de hombre, lo distingue su fortaleza, robustez, habilidad y destreza en los juegos infantiles, y una gran sensibilidad por la música. A pesar de ser joven divertido, era obediente, respetuoso, profesaba gran amor al trabajo y se destacó por sus aciertos como tirador.
Con sólo 19 años, se incorpora junto a sus hermanos encabezados por su padre Marcos al Ejército Libertador en la gesta emancipadora de 1868 y avalado por su valentía y arrojo asciende en grados militares de soldado a coronel.
Durante estos años dirige y participa en importantes combates, entre los que sobresalen: Mangos de Mejías, en agosto de 1877, donde salva a su hermano Antonio Maceo, de caer prisionero del enemigo; pero también fue protagonista de las acciones combativas en Pinar Redondo, Tibisí, Dos Caminos y Baraguá.
Su madurez política y patriotismo le hacen permanecer fiel en su puesto de combate ante las sediciones de Lagunas de Varona, en 1875 y Santa Rita, en 1877; de igual forma permanece firme junto a su hermano Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.
Terminada la guerra de los Diez Años participa en la conspiración que desencadena la Guerra Chiquita, convirtiéndose de hecho en uno de los principales jefes del movimiento, siendo ascendido al grado de General de Brigada en 1880. En esta contienda se destaca en varias acciones combativas.
Al concluir esta guerra es engañado por el General Polavieja, quién luego de comprometerse a exiliarlo, ordena que fuera conducido en calidad de prisionero a cárceles españolas en el castillo San Cristóbal, en Puerto Rico, después trasladado a cárceles en África y Europa.
Desde el presidio protagonizó varios intentos de fuga, de Cádiz el 15 de agosto de 1882 la cual tuvo una gran repercusión internacional y provocó fuera trasladado a varias cárceles españolas, al Hacho en Marruecos, Ciudadela de Pamplona, Estella, Santa Bárbara en Alicante, Castillo de la Mola en Mahón y Palma de Mallorca. Finalmente el 12 de octubre de 1884, con la anuencia del gobierno inglés, se fuga de Palma de Mallorca vía Argel, Francia y de allí a Nueva York donde se vincula de inmediato a los planes conspirativos por la independencia de Cuba. En 1886, tras el fracaso del Plan Gómez Maceo se traslada a Panamá donde trabaja en actividades de la construcción del canal y en labores de edificación de viviendas en Bas Obispo.
En marzo de 1892 se reúne con su hermano Antonio Maceo en Costa Rica, con el propósito de edificar y hacer prosperar, en ese país, una comunidad de cubanos conocida por «La Mansión».
En marzo de 1894, había logrado reunir 10 000 pesos oro que puso al servicio de la Revolución, evidenciando una vez más su patriotismo e interés por ver libre e independiente a su patria. En junio del propio año, contrae matrimonio con Elena González Núñez, joven jamaicana de 22 años, aun así, se incorpora a la Guerra Necesaria. Desembarca en las costas de Duaba, Baracoa el 1 de abril de 1895, en la expedición de la goleta “Honor”. Al referirse a este hecho expresó «[…] sólo Martí pudo sacarme de mi nido de amores, sólo él que me obligó con su patriotismo y me sedujo con su palabra».
Después de la dispersión inicial sobrevive a la persecución y cerco del enemigo, en lo que se conoce como la “Odisea del General José”, hasta que se reencuentra con las tropas al mando del mayor general Pedro Agustín Pérez (Periquito). El 25 de abril combate en Arroyo Hondo, acción triunfante de la Guerra de 1895, salva a Máximo Gómez y José Martí de caer presos o muertos por el enemigo. El 28 del propio mes es ascendido a Mayor General. José participa en la Campaña de Oriente, en la que libra diversas acciones combativas entre las que se destaca el Combate del Jobito.
El 20 de octubre de 1895, es nombrado Jefe del Primer Cuerpo de Ejército, desempeñando una ardua labor de apoyo al contingente invasor y en la organización y sostén del territorio bajo su mando.
En ese empeño pone de manifiesto sus cualidades como jefe y organizador militar, sus unidades sostienen más de 80 acciones combativas, 20 de los cuales dirige él personalmente: Baconao, Casa-Soto, La Galleta, La Economía, Maibío (I), La Curía (I y II), Maibío (II), La Tontina, cafetal Ampudia, La Ceiba, Ti Arriba, El Cristo, Triunfo de Bolaños, Monte Dos Leguas, por solo mencionar algunas. Además, organiza el Departamento de Administración de Haciendas y articula una eficiente red de información con las principales ciudades y pueblos en el territorio bajo su mando.
Las contradicciones con el Consejo de Gobierno, lo inducen a solicitar su renuncia del cargo y pide ser enviado a Occidente. En medio de esta situación enfrenta el día 5 de julio de 1896, en Loma del Gato, una columna española al mando del coronel Vara del Rey.
El Teniente Coronel Lino D`ou, su Secretario de Despacho nos narró el momento de la caída en combate del León de Oriente: «[…] el general atravesaba el lugar en que estaba su escolta de caballería, donde situó la de infantería, cuando se desplomó de su caballo soltando el revólver que traía en la diestra […]”.
Recogido de inmediato por su escolta y ayudantes, es traslado herido a la finca «El Aguacate», donde lo asiste el Dr. Francisco de Paula y Valiente; lo conducen luego al cafetal «La Soledad», donde mure cerca de las cuatro de la tarde del propio día. Su tropa embargada por la tristeza le rinde merecidos honores militares, el entierro se realiza en horas del mediodía del 6 de julio, en el cafetal «La Cristina», con toda la solemnidad militar y ante la presencia de toda la tropa.
Por vez primera se toca la marcha fúnebre, compuesta a su memoria por el director de su banda (charanga) Rafael Inciarte Ruiz. En horas de la noche un grupo de sus más cercanos colaboradores, acuerdan desenterrarlo y llevarlo hasta Campo Rico donde le son entregados al prefecto, capitán Antonio Puerta, Ñico, para que éste eligiera el sitio de su nueva sepultura y se encargara de la custodia de su tumba.
Allí permanecieron hasta que el 20 de septiembre de 1902, por iniciativa del entonces gobernador de la provincia de Oriente, general Francisco Sánchez Hechavarría, fueron exhumados de nuevo sus restos por el coronel Enrique Thomas y llevados al poblado de Songo, donde fueron expuestos en la Escuela Pública no. 1 (hoy escuela primaria Adela Desquirón Araújo). El móvil de esta exhumación respondió al propósito de rendirles tributo a figuras gloriosas de la historia patria, caídas en los campos de batalla, en el 34 aniversario del inicio de la Guerra de los Diez Años en el panteón construido al efecto. Por esta razón serían enterrados los mayores generales José Marcelino Maceo Grajales, Guillermo Moncada y Francisco (Flor) Crombet; el general de división Mariano Sánchez Vaillant; los coroneles Victoriano Garzón y Andrés Silva Duany, y el capitán Manuel Bergues Pruna.
Desde Alto Songo fueron trasladados, los restos, en tren a Santiago de Cuba el 7 de octubre de 1902 y colocados en la capilla ardiente en el Gobierno Provincial (sito en Aguilera esquina Estrada Palma). El 9 de octubre, la ciudad de Santiago de Cuba guardó silencio imponente de duelo local, mientras que, en los edificios públicos, sociedades y muchas casas particulares, aparecieron también banderas a media asta, y crespones negros pendientes de las puertas y ventanas. A las cinco de la tarde de este día se produce el tercero de los entierros de José Maceo, que se materializó en el patio D del cementerio Santa Ifigenia.
En 1939, durante la breve presidencia de José A. Barnet, se aprobó un presupuesto para la reparación y embellecimiento del cementerio municipal de Santiago de Cuba, el cual incluía la reconstrucción, terminación y embellecimiento de la tumba de los mártires de la Patria, donde se encontraban los restos de José Maceo, Flor Crombet, Guillermo Moncada y los otros patriotas.
No es hasta inicios de 1944 cuando se produce la exhumación de los restos del panteón; las cajas que los contenían fueron cubiertas con banderas nacionales y colocadas en la oficina del administrador del cementerio.
El 14 de febrero de 1944 se inicia en horas de la mañana la construcción del Panteón de los Mártires de la Patria (Retablo de los Héroes). Antes de quedar concluida la obra ocurre un entierro transitorio que se convierte en cuarto de los entierros de José Maceo, pues sus restos, al igual que el de los otros patriotas, son conducidos al Panteón de las Fuerzas Armadas. Este entierro provisional fue para no crear dificultades en la inauguración del panteón, que se efectuaría el 25 de febrero de 1944, con la presencia del presidente de la República, Fulgencio Batista Zaldívar y al parecer no era conveniente que se supiera que los restos de los patriotas estaban en la oficina del Administrador sin haber concluido aún la obra del panteón.
No hemos podido precisar cuándo se produce la nueva exhumación del panteón y trasladados nuevamente a la oficina del Administrador, lo cierto es que en el periódico Oriente, del 8 de diciembre de 1944, aparece publicada una carta dirigida al nuevo presidente de la República, Ramón Grau San Martín, la cual corrobora que los restos estaban nuevamente en este sitio.
El 28 de noviembre de 1945, atendiendo a la luctuosa fecha del 7 de diciembre, se dictó la orden militar no. 26 mediante la cual la jefatura del Distrito Militar de Oriente tendría a su cargo los honores militares correspondientes a esos patriotas. El Consejo Territorial de Veteranos de la Independencia de Oriente establecería la guardia de honor durante la exposición de los restos en el Gobierno Provincial. A las cinco de la tarde del 6 de diciembre de 1945, fueron cargados por miembros de las Fuerzas Armadas y colocados sobre un armón los restos de los mayores generales, generales de división y de brigada, coroneles y comandantes; en otro, los restantes caídos. Todos iban cubiertos con la bandera cubana. Los armones, unidos a los carros fúnebres, eran tirados por caballos.
El inicio del acto estuvo presidido por el alcalde municipal, Luis Casero Guillén; por el coronel Rogelio de la Quesada, jefe del Distrito Militar de Oriente; por el coronel Miguel Santos Mora, jefe del Distrito Naval de Oriente, y por Mariano Rosas, presidente del Ayuntamiento; además, el doctor José Maceo González, hijo del mayor general José Maceo; Flor Crombet, hijo del general de igual nombre, quien vino desde la capital para asistir a la ceremonia; Ambrosio Garzón, hijo del coronel Victoriano Garzón, así como Isaías y Armando Garzón, nietos de dicho patriota; Antonio, Wilfredo y Adalberto Moncada, nietos del mayor general Guillermo Moncada.
A las seis de la tarde llegó frente al Palacio la solemne manifestación de duelo. De nuevo fueron cargados por sargentos del ejército y llevados esta vez hasta el salón de actos del Palacio de Gobierno donde fueron colocados los cofres. En la ceremonia la señora Ernestina Valdés, viuda del general Francisco Leyte-Vidal, colocó sobre el que contenía los restos del general José Maceo la bandera cubana y el machete de su propiedad, que ella guardaba como reliquia y que había conservado su esposo como recuerdo.
A las ocho de la mañana del día 7, las baterías instaladas en el Distrito Naval de Oriente dispararon una salva cada media hora, hasta las seis de la tarde; de inmediato, fueron sacados en hombros de militares y familiares los restos de los mártires y colocados en el armón de artillería, para iniciar el recorrido hasta la última morada de estos próceres de la independencia de Cuba, el cual fue presenciado por más de veinte mil personas y acompañado por diferentes asociaciones de la ciudad.
A las once de la mañana del 7 de diciembre de 1945 tuvo lugar el quinto y último enterramiento de José Maceo, el cual se produjo —al igual que los dos anteriores— junto al de un grupo significativo de hombres que lo dieron todo por ver libre a la patria.
Al ser depositadas las urnas en el cementerio pronunció el discurso el gobernador de Oriente. De esta forma concluyó el quinto de los entierros a que fueron sometidos los restos del mayor general José Maceo Grajales, esta vez en una tumba digna a su memoria: el Retablo de los Héroes. En estos momentos se prepara una nueva tumba, dentro del propio cementerio, para depositar los restos del León de Oriente frente al Retablo de los Héroes lo que constituiría su septo entierro. (Texto: , ) (Foto: Cubadebate)
