La ciudad duerme cubierta por un manto de oscuridad, la luz natural y artificial muchas veces falta, y entre las sombras también se descubre la belleza.
Pero cuando el sol vuelve a visitar la urbe principeña, cuando la ciudad despierta tras las horas de descanso entonces la realidad te golpea y, a la vez, envuelve en la certeza de que habitar en Camagüey es todo un privilegio. (Texto y fotos: Diosmel Galano Oliver/Radio Cadena Agramonte)

