Camagüey, 7 jul.- Desde el 24 de junio en Venezuela hay historias en hospitales, calles, campamentos y refugios que no caben en estadísticas, en uno de esos puntos donde la urgencia no da tregua está Yaimara Santana Zamora, Licenciada en Enfermería con 22 años de experiencia, quien relata algunas de las anécdotas que hablan del dolor, la desesperación y la impotencia; pero también de la voluntad de ayudar a otros sea cual sea la nacionalidad.
Esta camagüeyana, natural del municipio de Minas, llegó al territorio de Caroní, en el estado de Bolívar el 17 de diciembre del 2025, sin imaginar que su corazón y la vocación de salvar vidas la llevarían meses después a Caracas, Distrito Capital, Fuerte Tiuna, exactamente a uno de los lugares donde se le brinda atención a alrededor de seis mil personas luego de los devastadores sismos.
Su voz de quiebra por momentos mientras envía textos y audios por WhatsApp, más la imagino una mujer fuerte y profesional que se presenta sin adornos, como quien aprendió a crecerse en medio de las dificultades y la desolación.
“Es mi primera misión internacionalista, y luego de los terremotos ocurridos el pasado día 24 decidí brindar mis servicios en las zonas afectadas por los sismos, eso lo aprendí de mi profesión y del amor profundo a lo que hago, yo amo ser enfermera”, asegura una mujer cuyo nombre no aparece en titulares, pero su historia sostiene los sueños de quienes lo perdieron todo o casi todo.
“Somos un promedio de 12 médicos y seis enfermeras, todos de provincias diferentes pero unidos por una misma razón, la de ser cubanos y estar en la mejor disposición de brindar una atención de excelencia a este hermano pueblo venezolano que tanto nos necesita”.
Reconoce en su esposo, niños y familiares en general la mayor fortaleza desde la distancia. Asegura que todos han estado preocupados y atentos a las noticias, pero a la vez orgullosos de la profesional de la salud que en medio del desastre sobreviene lo mejor que nos define como seres humanos la voluntad de ayudar a otros.
Conmueve cuando rememora la llegada de una paciente convaleciente en silla de ruedas descompensada de la presión, propio del estrés de las últimas jornadas, y la urgencia porque la atendiera el personal cubano. En nosotros, dijo, depositó su esperanza de seguir aferrada a la vida.
Casos como esos avivan los deseos de continuar entre el polvo y los escombros, es el alma de un país que permanece inquieto, aunque el silencio se siente por momentos como símbolo de dolor, pero Yaimara Santana Zamora, con el tarje blanco y el cubre boca, sabe que la vida se defiende minuto a minuto.
El trabajo, acota con la seguridad de los años de experiencia, no se limita a limpiar heridas, canalizar sueros o inmovilizar fracturas, es también poner la mano en el hombro, escuchar, sostener miradas, acompañar el vacío de quienes no volverán a ser los mismos de antes… la enfermera tampoco será la de antes del 24 de junio, sigue al lado de Venezuela en un capítulo de resiliencia y fe que les tocó compartir. (Texto: Gladys Dailyn Morera Cordero/Radio Cadena Agramonte)



