No podemos permitir que nos cambien la Historia (+ Video)

Edelmira Rodríguez Portal Foto: Ricardo de Miranda Rodríguez

Para la historiadora y profesora universitaria Edelmira Rodríguez Portal la enseñanza de la historia cobra un interés capital para la sociedad contemporánea. En la Cuba de hoy, asediada en todos los aspectos, conocer de dónde venimos y hacia el lugar al que necesitamos ir resulta fundamental; responsabilidad que debe atender la sociedad en su conjunto.

De estos temas dialogamos en la Casa de la Memoria, institución que lleva la delantera en la misión de mantener el devenir de la Patria en el presente de las actuales generaciones.

¿Qué retos tiene hoy la enseñanza de la historia?

«El reto es grande porque la historia es una fortaleza en la conformación de la nacionalidad, es importantísima para la cultura en general, la cultura vista desde la óptica de José Martí y Fidel Castro, como toda la obra humana acumulada.

Entonces a través de esta especialidad es que se puede transmitir todo eso. Y en la medida en que el individuo conoce, primero que todo tiene que tener compromiso con su familia, después con el barrio, luego con su ciudad, su provincia y así va comprometiéndose con la nación. Conocer todas esas partes de esa cultura en general, pues hace al individuo un ser culto, pero también preparado para vivir y para defender su nación, su nacionalidad.

En este caso no se puede enseñar una historia para aprobar pruebas. Es para formar individuos, eso es lo más importante. Y el profesor no puede constreñirse al libro de texto, independientemente de que el último libro de texto que se ha hecho para la enseñanza media, por ejemplo, es muy abarcador. Pero lo más importante es lo que va a quedar en el individuo. Y entonces el profesor tiene que buscar los métodos para que esa enseñanza perdure y forme parte del ser humano, de las convicciones, del compromiso social. Entonces, la historia tiene un papel trascendental. No digo que no lo tengan las matemáticas, que no lo tenga la informática, la inteligencia artificial, maravillosa, todo eso pero en el caso de la historia, hasta eso pueden ser herramientas para enseñar.

Tampoco se puede dejar solo al profesor, al sector de educación, la responsabilidad de enseñar la historia tiene que implicarse toda la sociedad de todas las formas posibles. Comparto el criterio de que la sociedad es un conjunto, por ejemplo, los medios tienen una importancia extraordinaria en este aspecto.

Si en la televisión, por problemas económicos, nada más que estamos poniendo películas que vienen de los países capitalistas, estamos poniendo cosas de terror, de robo, debiéramos buscar la forma, como se hacía antes, sin tener que decir que tenemos que regresar a las cavernas, pero sí dar la historia de los mambises. A mí me parece formidable lo que hace Roly Peña, esos seriales que él ha hecho, son una manera de transmitir valores, la historia, el compromiso. Y en el caso de los medios, pues muy bien que tengan esos espacios para las efemérides, para las personalidades, para traspasar incluso, en el caso de Radio Cadena Agramonte que tiene también espacios que la gente escucha mucho, que es el de la novela, en ellas transmitir todo esto que estoy diciendo.

No dejar de lado de que los medios, los espacios culturales que hay, todos, tienen que responder al objetivo que tenemos, porque a veces se descuida, Y el teatro, por ejemplo, siempre ha sido un área de transmitir y de ayudar a construir el hombre nuevo que queremos. Cuando digo hombre estoy hablando en términos genéricos, las personas que tienen que hacer este país. Entonces, sin abandonar la crítica social, que me parece importante, debemos ser cuidadosos a la hora de transmitir esos valores, porque a veces se enfatiza más en lo negativo y no se logra el objetivo, se ve como un arrepentimiento de estar donde estamos, de avergonzarnos porque hemos llegado hasta aquí.

Tenemos que estar orgullosos, en primer lugar de ser camagüeyanos, en segundo lugar de ser cubanos y de tener un país que con tantas dificultades el mundo tiene los ojos puestos aquí. Me refiero al mundo de los ninguneados, de los desposeídos, y ven en nosotros una esperanza. Incluso nos piden que resistamos porque si nosotros caemos, y ya cayó el campo socialista, pues como decía Fidel, ese mundo mejor y posible, es como negarlo. Y entonces ahí tiene que estar involucrada la escuela, tienen que estar involucrados los medios, tiene que estar el teatro, la televisión, el cine, todo. Tienen que estar hermanados en un mismo fin, que no podemos renunciar a él, que es formar personas sanas, buenas, comprometidas, solidarias».

Quisiera retomar esa idea porque hay muchos intereses hoy en que la historia de Cuba se conozca de manera alternativa, que los jóvenes, los niños, aprendan un devenir que no es cierto, y a veces nos quedamos en silencios que otras personas e intereses ocupan.

“Hoy hay mucho interés en que la historia que se aprenda no sea todo lo que hizo Ignacio Agramonte o Cándido González, y se quieren rescatar otras personas. Es una guerra fuerte, las personas que enseñan la historia viven bajo un asedio interesante.

Es tan importante la historia, que en esta guerra de cuarta generación a la que estamos sometidos un aspecto trascendental es el desmontaje de la historia, todo lo que se quiere tergiversar y se tergiversa. Y así la única escapatoria que hay es enseñar a los jóvenes, a los niños, a no aprender de memoria y a no aprender de un solo libro, a ver diferentes fuentes y llegar a conclusiones propias.

Si no se educa un pensamiento reflexivo no se puede alcanzar ese ser humano que queremos, sin el cual no se puede construir esa nueva sociedad. En eso el Che siempre nos llamaba a construir al “hombre nuevo”, pero con esos valores propios que mencionábamos.

Y no es una cosa que empezó hoy. Martí, por ejemplo, desde que estaba vivo fue objeto de tergiversaciones. Incluso la madre de Martí le decía que no se siguiera sacrificando por gente que no valoraba lo que él hacía, porque ella escuchaba que decían que era un hombre que se ponía a las puertas de las fábricas para quitarles el dinero a los obreros. Y sin embargo, él iba a todas partes, como decía Gómez, pidiendo para Cuba, en aquellas condiciones a veces hasta deplorables de alimentación, de ni siquiera pelarse, como responde en el poema El buen Pedro; le critican que anda peludo y es «porque no tiene la moneda que reclama con sus húmedas manos el barbero», y traía los bolsillos llenos de dinero, pero era para la Patria. Se hicieron bustos de Martí con la barbilla pegada al pecho, como si fuera un hombre que tenía que avergonzarse de algo, se han transmitido historias de que era borracho, cosa que es absolutamente mentira, y para qué, porque es una figura tan inmaculada que hay que inventarle algo para que la gente se desprenda de la idea de ser martiano, de seguir sus enseñanzas.

Y en el caso de Fidel, igualmente, y en el caso del Che, el hombre más puro. Y que se diga que era un asesino, con la cantidad de ejemplos que hay de la delicadeza de él con los prisioneros, de la manera tan humana con que siempre dedicó su vida a aliviar, pudiéramos decir, los sufrimientos, no solo del cubano, porque es un hombre que pensó en toda la América y en el mundo entero.

Los historiadores tenemos el deber de desmontar todas esas calumnias, todas esas mentiras y de enseñar la verdad histórica de los tiempos pasados y de los más recientes. Porque también se trata de presentar a la Cuba neocolonial, a la república burguesa, como un ideal. Y entonces te presentan La Habana iluminada, de los casinos, de las tertulias, pero no te muestran a los que trabajaban en esos lugares, que hasta tenían que prostituirse para poder vivir; además, era centro de tráfico de droga, de los narcos más grandes que había en el momento, y ese no puede ser el ideal.

Y a Fidel, un hombre que podía haber sido multimillonario nada más con los regalos que le hacían en los lugares a donde iba, y los donó para la red de museos a nivel nacional. Entonces no queda de otra que primero conocer la historia para que nadie nos la tergiverse y nadie pueda hacer un cuento y podamos desmentirla en cualquier espacio.

El primer libro que escribí, que se llama La Joven Cuba en Camagüey, con la cooperación de protagonistas de esa organización, que fueron militantes y sobre todo de Magariño, quien recogió mucha información, y actualmente incluso se niega esa organización extraordinaria creada por Antonio Guiteras, y hay una organización contrarrevolucionaria que se ha puesto ese nombre, una cosa inconcebible». (Texto: Diosmel Galano Oliver/Radio Cadena Agramonte)

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